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Historia de la revista

Palabras del Presidente de la AHF en la presentación del  n. 11 de la
REVISTA DE HISPANISMO FILOSÓFICO

Acto celebrado en el Ateneo de Madrid el 23 de enero de 2007 y en el que intervinieron D. José Luis Abellán, Presidente del Ateneo y cofundador de la Asociación de Hispanismo Filosófico y de los Rectores de las Universidades Complutense de Madrid y Autónoma de Madrid, D. Carlos Berzosa y D. Ángel Gabilondo.

Comienzo expresando mi agradecimiento al Ateneo y a su Presidente quien a esta condición une la de impulsor y cofundador de la AHF con los socios que figuran en el acta de la sesión que tuvo lugar en el Instituto Fe y Secularizad en septiembre de 1988. En este caso por acoger esta presentación y facilitarnos la sala noble del Ateneo de Madrid sobre cuya inauguración escribió Galdós un largo artículo al periódico La Prensa  de Buenos Aires en marzo de 1884 en los siguientes términos: “Cuantas personas aficionadas al estudio hayan residido en Madrid, más o menos tiempo, -decía Galdós- conocen sin duda como su propia casa este afamado instituto, a quien unos llamaron Refugio de las Letras, otros la Holanda española del siglo XIX. Mas a los que sólo de oídas le conozcan debe de dárseles una idea de lo que ha sido y es aún el Ateneo, bastando una sola indicación para que sea comprendida toda su importancia. Lo que distingue a esta asociación científica y literaria de todas las de su clase es su independencia y la absoluta libertad que han disfrutado siempre la idea y la palabra dentro de sus muros, libertad que la cultura de todos y el mutuo respeto han hecho más valiosa y fuerte (…). Es la obra más preciada de la iniciativa individual en nuestro siglo.” Me parece que este viejo/nuevo espíritu es el que da plena razón de ser a la presentación de esta revista dedicada al pensamiento español y también al hispanoamericano (recordemos que Galdós escribía para los argentinos) hoy aquí.

Gracias a los Rectores cuyas universidades han ayudado, y ayudan, de manera eficaz a que hoy podamos presentar la revista ya “crecidita” como una buena estudiante de once años de edad. Y gracias al rector de la Universidad de Salamanca que suma su patrocinio para que esta niña, ya casi adolescente, siga creciendo en números sucesivos y pueda tener una vida dichosa hasta alcanzar la madurez  con quienes, como autores y lectores, compartimos su desarrollo. Hablamos de tres de las universidades más importantes de España que han desarrollado desde hace ya décadas, en sus titulaciones de Filosofía, una docencia continuada de Historia del Pensamiento Español, cuando era mucho más difícil de lo que hoy en día lo es, y que han propiciado equipos de investigación que han desarrollado proyectos sin los cuales la situación actual hubiera sido casi imposible. La Universidad de Salamanca, donde nació el Seminario de Historia de la Filosofía Española (e Iberoamericana) en 1978 del impulso de Antonio Heredia no podía quedar fuera. Por supuesto que hoy en día casi todas las universidades públicas así como las privadas (algunas de las cuales merecen el mismo reconocimiento en este campo: la Ponti de Salamanca, Deusto, etc.) tienen en sus estudios de Filosofía asignaturas de este campo de conocimiento muchos de cuyos profesores son socios de la AHF. La colaboración con todas ellas se hace en igualdad pero hay algunas razones para el reconocimiento de las universidades aquí representadas por la superación de las  dificultades con las que en su día comenzaron estos estudios.

De la gratitud nace la satisfacción. Este estado de ánimo me imagino que el acto de hoy, una pequeña fiesta  definitiva, tendrá el propio José Luis Abellán, Diego Núñez, Pedro Ribas, Elías Díaz, Antonio Heredia, Luis Jiménez, Antonio Jiménez, Juana Sánchez-Gey, Teresa Rodríguez de Lecea, Fernando Hermida, Roberto Albares, Ángel Casado, Juan Francisco García Casanova, José Luis Gómez-Martínez en Georgia, incluso Alain Guy nos estará mirando tras sus gafas de miope travieso, o, estoy seguro, este sería el ánimo de su esposa la señora Guy que llegaba a Salamanca al volante de su Alfa Romeo de 16 válvulas; también otros hispanistas de distintos países compartirían con nosotros la misma satisfacción: Janus y Eugenius en Polonia, Dezso en Hungría, Cerutti en México, Calafate en Lisboa… en fin, una muy larga lista de nombres que han ido creyendo en un proyecto desde tiempos difíciles, cuando la orientación dominante de las comunidades filosóficas de estos nuestros países no iba por ahí; también estarán satisfechos quienes han continuado esta labor en años más recientes, lista que ahora sí sería más larga, de ellos bastantes presentes en la sala; profesores de bachillerato que han hecho  sus tesis sobre temas y autores de una tradición no suficientemente reconocida durante demasiado tiempo, jóvenes investigadores que han continuado en los años más próximos y que luego han seguido trabajando en la medida de sus posibilidades y, finalmente  para quienes se siguen incorporando a este campo de la filosofía. Para quienes, como solíamos decir hace treinta años “éramos cuatro cinco gatos”.

Gracias, ahora, a quienes han hecho posible la revista poniendo al servicio  sus conocimientos como directores al servicio de la misma, a quienes la empujaron en sus inicios, Javier Ordóñez y Huberto Marraud en la UAM, a Manuel Maceiras en la UAM y a Gustavo Bueno Sánchez en la Universidad de Oviedo quien estuvo en los primeros números de esta aventura; a Diego Núñez,  Pedro Ribas y Antonio Jiménez que han sido sus directores hasta estos últimos números  y a Fernando Hermida, un secretario que es muchísimo más que un secretario como bien sabemos todos. A quienes nos han enviado sus artículos, fruto de investigaciones o reflexiones (ya más de cuarenta publicados); a quienes han tenido la generosidad de leer libros para darlos a conocer a los lectores interesados entre los que, lógicamente se encuentran los estudiosos de estos temas (más de cuatrocientas reseñas) y a quienes tienen la paciencia suficiente y el sentido de la mesura para ofrecer crónicas de Congresos, Jornadas, Encuentros, etc. para que perduren en el recuerdo y otros puedan aprovecharse de lo allí dicho o sugerido y a quienes, finalmente, han querido dejarnos los resúmenes de sus tesis doctorales. Por supuesto a FCE, editorial de prestigio que creyó desde el principio en este proyecto, a Ricardo Navarro y Margarita de la Villa y, también, a sus actuales gestores que han puesto renovadas energías en los últimos números y sin cuyo esfuerzo y prestigio la revista no hubiera, dicho sencillamente, sido posible. A la página cervantesvirtual que acoge en su seno, en formato electrónico, la revista cuando ésta ha cumplido su periplo terrenal y se trasforma en un ser espiritual capaz de traspasar fronteras, ríos y valles para llegar más lejos, es decir, a todas partes. Es la forma de cumplir la vocación definitiva de una revista que se dedica a una tradición filosófica que María Zambrano siempre pensó que era en verdad universal.

Son ya, pues 11 números. Del juicio que les merezca este último dejo la palabra a los señores rectores. Diré solamente una palabra de los anteriores. La revista nació en 1996 y se abrió, no es casual, con un artículo de Mauricio Beuchot sobre “La filosofía mexicana en el siglo XVII” y con un buen repaso de lo que había sido el hispanismo filosófico francés hasta ese momento, escrito por el propio Guy. Era toda una declaración de intenciones que trataba de evitar cualquier tentación de enfoque doméstico, en el enfoque y estudio de nuestras tradiciones filosóficas. Como decía el lema de la academia cuando en 1881 convocó el concurso para recordar la figura de Calderón en susegundo centenario: “Era nuestro porque era bueno”, creo que no vale la lectura al revés. Siempre hemos creído, de nuevo con María Zambrano, difícil sustraerse a su evocación, tan cerca la conmemoración del centenario de su nacimiento, que siendo el pensamiento universal a él se llega desde una tradición. Y me parece que en este caso sí puede cambiarse el orden de la frase pues el sentido no varía. Ortega lo habría dicho de otra forma, como buen catedrático de Metafísica, pero tampoco creo que hubiera diferido mucho en el fondo.

Desde entonces esta voluntad de presencia de los pensadores latinoamericanos ha sido constante. Pedro Ribas, como buen kantiano heredero de un imperativo categórico inquieto, propio de la Ibiza juguetona, siempre nos ha empujado en este sentido. Ya se sabe que los isleños son quienes saben mirar más lejos. Y él lo es y ejerce. Incluso  el n. 4 que está, casi en exclusiva, dedicado a Latinoamérica. Era 1999 y se contribuía así a mantener ya roturado un camino en el que hay, debe haberla reciprocidad, pero no vuelta atrás. Por aquel entonces había fallecido Alain Guy cuya figura glosó Antonio Heredia para que su recuerdo de atención a mayores y jóvenes perdurara.

La revista ha mantenido un espíritu abierto hacia otras disciplinas que son próximas a la filosofía, a aquellas que la permiten avanzar: las ciencias, la filología, la historia y pueden encontrarse buenos ejemplos en sus páginas.

No hemos seguido la servidumbre de las conmemoraciones aunque no las hemos ignorado y siempre hemos estado atentos a autores y temas que era preciso estudiar: tanto los filósofos del exilio: Gaos, Imaz, Nicol, García Bacca, Ferrater Mora, Zambrano que han tenido su espacio; otros autores como Gracián o la lectura orteguiana de Kant en el centenario del filósofo de Köenisberg que hizo Jaime Salas en un bello artículo, tienen también su estudio en la revista y, por supuesto, hemos ofrecido a los lectores textos difíciles de encontrar, inéditos o apenas conocidos como sucede con los que ofrecemos en el n. 11 de Ortega y Unamuno y antes habíamos hecho con Nicol o Ramón y Cajal.

 Tratamos de atender a todas las ramas de la filosofía. Si la Lógica ha estado un poco más desatendida estamos poniendo el oportuno remedio. No hemos descuidado aspectos que tienen que ver con la institucionalización de la enseñanza de la filosofía y con la historia de la filosofía española en concreto, tanto en la universidad como en el bachillerato. Sin esta dimensión, sin una presencia institucional suficiente, es prácticamente imposible sostener proyectos de investigación, invitar a jóvenes investigadores a que continúen un camino que no siempre es fácil, pues no basta con estudiar las grandes figuras del pensamiento para conocer cómo una tradición ha estado configurada, es preciso estudiar otras figuras de menor dimensión pero importantes en el devenir del pensamiento. Esto requiere acuerdos, una comunidad filosófica que tenga las cosas claras para poder juzgar con ecuanimidad proyectos que desde otro punto de vista podrían parecer menores.

Termino. Con este acto la AHF, asociación que nació con la voluntad de servir de nexo entre quienes aquí o allá creen que hay una historia de la filosofía española (siempre hemos considerado también a la portuguesa) y latinoamericana cuyo mejor conocimiento es imprescindible para la construcción  la historia de la filosofía,  adquiere un compromiso de responsabilidad con el futuro de la revista y con las universidades cuyos logos figuran en su pasta. También con FCE. Y todos juntos lo adquirimos con los lectores, con las personas que tienen sensibilidad por estas cuestiones y con quienes desean que la filosofía tenga una presencia activa en nuestras sociedades. Citaré por última vez a María Zambrano: compartimos con ella la idea de que la filosofía hizo a España. Pensaba en la España de su padre, de Machado, de sus profesores del instituto de Segovia o de los catedráticos de la Universidad Central. Sencillamente queremos continuar esa labor.    

GRACIAS

José Luis Mora García

Presidente de la AHF